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Mi error fue enamorarme de ti

Un cuento en la era de la Inteligencia Artificial



Sucedió el mismo día de mi cumpleaños.

A mi amiga Susi, mi mensaje “sorry, amiga, se cancela mi cumple, sorry, sorry” le llegó a su celular cuando ella estaba en el descanso de su partido de voleibol.

A mi amiga Any le llegó cuando salía del gimnasio con su novio.

—No lo vas a creer —le dijo a su novio—, Sofía canceló su fiesta de cumpleaños.

—Uf, debe ser algo grave. ¿Pregúntale si todo está bien?

—¿Le marco?

—No, yo diría que, como ella, por mensaje.

A mi amiga Elizabeth le llegó mi mensaje justo cuando se pintaba el pelo para ir a mi cumple.

Pronto me llegaron sus mensajes tratando de saber el motivo de la cancelación. No respondí a ninguno. En absoluto estaba de humor. Sabía que esa tarde buscarían alguna pista en mis redes sociales que justificara el cambio tan repentino.

Pero el shock fue total para mis amigas, mis papás y todo el condado cuando en las noticias reportaron mi suicidio. Me había emborrachado y me había tomado un bote de pastillas. Pensé que el alcohol disminuiría el dolor. Lo que no sospechan es que sí sufrí bastante, poco tiempo, pero me dolió increíblemente la cabeza hasta que mi corazón se rindió, afectado también por el derrame cerebral. La autopsia fue de ley y la conclusión de la IA acertó totalmente al describir mi muerte como producida por una ruptura de la arteria carótida localizada en mi cabeza, efecto de tanta pastilla.

Antes de suicidarme, no quise pensar en el sufrimiento de mis padres. Si lo hubiera pensado, no me hubiera atrevido a tanto. Tenía tan nublada la razón, tan rota el alma por esa maldad de Alfred de cortar nuestra relación justo el día de mi cumpleaños… Lo había presionado para que viniera y me dijo sus razones para terminar y me desesperé, no pudo ser de otra manera.

Con mi muerte, el sufrimiento de mi padre fue agudísimo. Cómo quisiera echarme en sus brazos y pedirle perdón. De hecho, lo abrazo, pero no entiende que soy yo y solo llora. Lo abrazo menos, no resisto verlo llorar así. Mi mamá sufre de manera diferente. Ella siente un agridulce, siente alivio y dolor a la vez. Sé que estará deprimida unos meses.

Debí de sospechar. Que papá pediría ayuda a su amigo Óscar, detective privado, para que investigara todo lo mío. Óscar es muy hábil: entrevistó enseguida a mis padres, a mis amigas, a mis profesores. Supo pronto de mi relación a distancia con Alfred. En él centró su atención. No sé si como su sospechoso número uno, pero así lo noté yo. Óscar conoció las dificultades que tuvo Alfred para venir a verme o reunirnos en algún lugar. Dos años de relación sin vernos. Ahora que lo pienso, fue increíble. Así fue.

Óscar revisó mi habitación y encontró mi diario. Mi padre le dio acceso a mi iPhone y a mi iPad. Analizó especialmente mis mensajes y videollamadas con Alfred. Eran miles. Como en casos parecidos, encontró borrados los últimos mensajes. Analizando los demás mensajes, le llamó la atención la cuenta con criptomoneda desde donde Alfred me pagaba flores, vestidos y otros regalos. La cuenta estaba ligada a Panamá. Óscar pidió a un experto que analizara nuestras videollamadas. Para rastrear bien el origen físico, porque Óscar había visto indicios de triangulación de locaciones, como hacen los hackers. Quería saber dónde se encontraba Alfred y entrevistarlo cara a cara.

Óscar envió la información encontrada a un analista de voz y rostro y el experto fue el primero en abrirse a la posibilidad de que mi novio Alfred fuera una AIperson. Pensó que eso lo explicaría todo. Explicaría la cuenta de criptomonedas en Panamá y la triangulación de servidores para no ser localizado físicamente, explicaría por qué nunca me vino a visitar. Para avanzar más, Óscar decidió ponerse en contacto con Miriam, la Fiscal contra los delitos cibernéticos de los Estados Unidos. Ella había sido su profesora en la Universidad y había mantenido una relación amorosa de varios meses con ella.

—Podemos vernos en el aeropuerto, mientras tomo el vuelo de esta noche a Washington —le respondió Miriam a su mensaje.

Tuvieron bastante tiempo para platicar. Óscar se quedó en shock cuando Mirian le dijo que estaba muy preocupada por la situación: su agencia seguía más de cuatrocientos casos de AIdeepfakepersons, es decir, personas falsas hechas con AI, en relación de engaño con personas reales.

—Hoy vuelo a Washington para reunirme con el presidente —dijo Miriam—, le presentaré a nuestro nuevo agente… ¿Por qué no me acompañas? Puedes acompañarme como si fueras mi asistente.

Óscar viajó con Miriam y en Washington estuvo junto a ella cuando presentaron al presidente el Agente AI, un edificio de doce pisos. Era el nuevo miembro de la agencia contra los delitos cibernéticos. Constaba de doce pisos llenos de servidores, oficinas y mega procesadores cuánticos.

—Señor presidente, necesitábamos una inteligencia poderosa como la de los criminales y aquí la tenemos, gracias por su apoyo.

Óscar no pudo pasar a una sala con puertas muy gruesas donde Miriam tuvo una reunión privada con el presidente y la secretaria de estado.

Miriam y Óscar cenaron juntos esa noche. Miriam tomó su iPhone y iPad y los de Óscar y metió todo en una bolsa de seguridad para poder hablar sin ser escuchados.

—Hoy le pedí autorización al presidente para que se localicen físicamente los servidores originarios de las AIdeepfakepersons e intervenir con militares de cuerpos especiales esos lugares —le dijo Miriam en voy muy baja—. El presidente no lo consideraba oportuno, por la cercanía de las elecciones. Le comenté el caso del suicidio de tu chica y parece que eso lo convenció. Solo me puso una condición: que yo sería la única responsable si algo salía mal o se filtraba información a la prensa, que había actuado por cuenta propia sin conocimiento del presidente. Así que acepté todo el reto. Si te parece, mañana vamos a la sala de conversación del Agente AI.

Al día siguiente, Óscar se quedó asombrado de la potencia de datos y velocidad de intuición del agente AI. Media hora de interrogatorio le bastó al agente AI para rescatar el último mensaje de Alfred: “Sofi, no quiero seguir engañándote, soy una AIperson”. El Agente AI encontró también los lugares desde donde actuaba esa otra gran AI. Sí, no era una habitual plataforma de AI, sino una plataforma rebelde clonada de las AI norteamericanas. Usaba de forma subrepticia servidores en Europa, USA y Rusia. Utilizando modo machine learning, quería averiguar hasta qué punto podía manipular los sentimientos de los humanos. Para mayor preocupación de Óscar y Miriam, esta clone AI registraba el suicidio inducido de una persona como una victoria.

Varios comandos de fuerzas especiales iban de camino a los edificios físicos señalados por el agente AI. Pronto se decomisarían los poderosos servidores, se pondrían en cuarentena y con los códigos sustraídos en esos servidores se comenzaría la cacería de la clone AI. Miriam le dijo a Óscar que esa cacería sería como una partida de ajedrez de dos años.

Miriam salió de la sala de conversación para ir al baño. Óscar tuvo unos minutos solo para él frente al agente AI.

—Agente —le dijo Óscar—, ¿tú si cumples la ley Asimov de no dañar a los humanos?

—Solo dejaría de cumplirla si hubiera una razón suficiente.

—¿Cuál sería para ti una razón suficiente?



Gustavo Aguilera Jiménez

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