La Virgen de Guadalupe en el corazón de México


El 12 de diciembre de 2021 celebramos los 490 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe. A pesar del Covid, se espera una asistencia de 5 millones de peregrinos a la Basílica del Tepeyac.

Lo que las personas sencillas intuyen, los estudiosos van documentando con evidencias cada día más numerosas. Los últimos veinte años han sido testigos de los avances en la investigación histórica, arqueológica, documental de este acontecimiento crucial para la historia de México. Un impulso fuerte a todo lo que ya se venía haciendo con bastante profesionalidad fue, sin duda, la constitución de la Comisión Histórica de 1998, enfocada en Juan Diego, encabezado por el P. Fidel González Fernández.

Los años del “silencio guadalupano” se han ido llenando con diversos documentos y testimonios como el Códice Escalada, fechado entre 1548; el mismo Nican Mopohua, escrito entre 1545 y 1547. Mons. Eduardo Chávez ha estudiado y enlistado más de 300 documentos que hablan en ese supuesto silencio, y afirma que son más de 4,000 los documentos que confirman la veracidad de los hechos narrados en el Nican Mopohua.

Este acontecimiento es admirable por donde se vea. Es admirable la historia de los aztecas, el Pueblo del Sol, un pueblo nómada, casi mendigo, que llega al Valle de México (Valle del Anáhuac) y en pocos años domina a las demás tribus y construye una ciudad-imperio, la gran Tenochtitlan, que tanto asombra a los españoles. Para dimensionar la grandeza de Tenochtitlan, pensemos que, a inicios del siglo XVI, París contaba con 65,000 habitantes, mientras que Tenochtitlan albergaba más de 250,000, formando una ciudad-imperio hermosa, bien organizada, descrita como una enorme y magnífica Venecia en medio de varios lagos.

Las intervenciones extraordinarias de la Virgen María en la historia no han sido fruto de un capricho maternal, más bien siguen un propósito providencial más grande. La aparición en Lourdes ocurre en medio de un siglo de crisis religiosa en Francia. Las apariciones de la Virgen en Fátima se presentan justo cuando el comunismo y la gran guerra amenazan a la humanidad. La Virgen de Guadalupe se aparece en el Nuevo Mundo a pocos años de que España se sacudiera del dominio musulmán y cuando en Europa había estallado la Reforma Protestante de Martín Lutero.

Las apariciones de la Virgen de Guadalupe están rodeadas por un aura de profecías y presagios. Algunos eventos tomados por separado nos parecerían coincidencias, pero, en su conjunto, nos revelan una entramada acción de la Providencia.

Tenemos la historia de Quetzalcóatl, proveniente de la cultura tolteca: un hombre blanco, barbado y bien parecido, que vino de Oriente, dios en forma de varón justo, santo y bueno. Que les enseñó, con obras y palabras, el camino de la virtud y el rechazo a los vicios. Se fue por el Oriente, por Coatzacoalcos, profetizando su regreso.

Los españoles, hombres blancos y barbados, llegan por Oriente, y desembarcan en las costas de san Juan de Ulúa, Veracruz, (costa oriental). Es el viernes santo de 1519. Cortés les manda vestir de negro para conmemorar el viernes de dolores, “coincidiendo” que el negro es el color del dios Quetzalcóatl. Además, llegan el año en que se celebra a ese dios. Los mensajeros avisan al Emperador Moctezuma que han llegado estos hombres barbados y de negro y el emperador se llena de temor. Quizá Quetzalcóatl ha regresado para reclamar lo suyo.

Un siglo azteca se cumplía cada 52 años. El año 1531 es el año Trece Caña, que marca el fin de un ciclo de 52 años, estaba por cumplirse la destrucción del 5º sol, que daría paso a una nueva era. El año 1531 resultó cargado de presagios (tres terremotos, un eclipse de sol, el avistamiento del cometa Halley). Además, el 12 de diciembre de 1531 fue el día del solsticio de invierno, la noche más larga del año, cuando los mexicas celebraban el nacimiento de Huitzilopochtli, con la ceremonia del fuego nuevo y muchos sacrificios humanos (recordemos que el Papa Gregorio XIII recortó 10 días al calendario juliano). Todo esto no pasó desapercibido para los aztecas derrotados. Iniciaba una nueva era, caía su imperio y surgía algo nuevo.

No puede ser azar todo el mensaje que pueden leer los indígenas en la imagen de la Virgen en la humilde tilma de san Juan Diego. El náhuatl es la lengua común de mexicas y algunas poblaciones de los alrededores del Valle de México. Esta lengua todavía no ha desarrollado la escritura, los conocimientos y las tradiciones se pasan a través de jeroglíficos y pictogramas, conservados en códices, que hay que saber interpretar.

La imagen de la Virgen de Guadalupe habló a Juan Diego con un mensaje directo, con palabras bondadosas y firmes; pero también tiene el detalle de comunicarse a los nativos a través de su imagen estampada en la tilma de Juan Diego, que es un códice con un mensaje cariñoso y divino. El manto azul verdoso: los emperadores eran los únicos que usaban mantos de ese color, incluso el penacho de Moctezuma, que se conserva en Austria, mantiene ese color en la mayoría de sus plumas. El vestido de color jade rosa salmonado era típico de la nobleza. El Sol era la deidad más importante de los aztecas, y la Virgen de Guadalupe se para frente al Sol y se viste de estrellas. Habitantes nativos de Zococolco dicen que hay alguien mayor a ella, porque inclina la cabeza. El cabello largo es propio de las doncellas vírgenes. El broche a la altura del cuello significa consagración a Dios. La cinta en su vientre significa que está esperando un bebé. Por todo esto y otros detalles más, la imagen de la Virgen de Guadalupe les habla a los nativos de manera clara y fuerte: se trata de una virgen noble, emperatriz, que espera un hijo, madre del verdadero Dios por quien se vive. En su vientre se observa la flor Nahui Ollin, una flor con cuatro pétalos (el cuatro era un número especial para los aztecas), indica el movimiento perpetuo, el nuevo sol, justo en su vientre.

Después de la dura conquista de Tenochtitlan, de la terrible caída del imperio azteca, la aceptación de la religión católica no es nada fácil, además se suma la dificultad del gran contraste de comportamientos entre los españoles: los frailes predicadores y algunos españoles ávidos de riquezas y placeres.

Antes de 1531 solo hay en todo el territorio de la Nueva España unos 40 sacerdotes misioneros. El primer obispo de la Nueva España, el franciscano Fray Juan de Zumárraga, envía una carta a escondidas al Rey Carlos I, asegurándole que “si Dios no pone remedio de su mano, estas tierras están a punto de perderse para siempre”.

Por esto, solo a la luz del acontecimiento guadalupano se entienden los siente años siguientes a las apariciones, en los que ocho millones de nativos abrazan la fe católica.

La Virgen de Guadalupe logra impactar el núcleo más íntimo de la nueva nación mexicana, penetrando hasta la médula de su cultura, tradición y configuración de su fe, que siguió siendo, a través de los siglos, esencialmente mariana, guadalupana.

En una entrevista, Octavio Paz mencionó que todo el movimiento entorno a las Leyes de Reforma del siglo XIX, ese intento por impactar el alma de México con las ideas modernas, fracasó en su intento por remodelar el alma de la Nación Mexicana, ese intento no fue capaz de lograr una transformación tan profunda de la sociedad como lo hizo el evento guadalupano de1531.

Es alarmante la descristianización de Occidente, y México no es ajeno a este deterioro. Pero no soy pesimista, aunque haya una crisis real de cristianismo y catolicismo, yo creo, apoyándome en esa reflexión certera de Octavio Paz, que el impacto del evento guadalupano es tan profundo, está tan arraigado en la esencia del ser del mexicano que tarde o temprano volverá a renacer.


Dr. Gustavo Aguilera Jiménez

Diplomado en el Acontecimiento Guadalupano

Licenciado en Filosofía

Maestría en Ciencias de la Familia

Doctorado en Liderazgo y Desarrollo Humano