La Sábana Santa nos habla de la Pasión de Cristo

Actualizado: 15 abr

El domingo, Pedro y Juan corrieron hacia el sepulcro. El discípulo más joven vio “los lienzos” y creyó en la resurrección de Jesús (Jn 20). ¿Qué vio que lo llevó a creer?

Una tradición muy antigua asegura que la sábana que envolvió el cuerpo de Jesús en el sepulcro es la reliquia que se encuentra en Turín, Italia y que llaman Sábana Santa. Se trata de una tela de lino viejo que mide 4.30 m de largo y 1.10 m de ancho. Es una tela manchada de sangre, con una imagen única del cuerpo de un hombre crucificado que coincide con lo relatado en los evangelios acerca de la Pasión de Cristo. Esta sábana también contiene quemaduras causadas por varios incendios que ha sufrido a lo largo de su milenaria historia. Los estudios científicos hechos a este objeto arqueológico nos dan, en su conjunto, la certeza de su autenticidad.

Hace tres años, tuve la oportunidad de hacer un viaje de investigación acerca de la Sábana Santa. Visité Jerusalén, Turín y Roma, siguiendo las pistas de la reliquia más importante del cristianismo, entrevistando a los mayores expertos en el tema, quienes coincidían en invalidar la datación del Carbono 14 hecha en los años ochenta, ya que se tomó la muestra de una parte que había sido tocada frecuentemente, e incluso, entre esas fibras de muestra se encontraron hongos que enriquecen la cantidad de Carbono 14. Un artículo científico publicado en 2019 en la revista Archaeometry titulado Radiocarbon Dating of the Turin Shroud: New Evidence from Raw Data analizó los datos crudos de la datación del Carbono 14 de 1988 y concluye que esa datación es inválida por la divergencia de datos y procedimientos, además de no haber tenido en cuenta los efectos de los incendios sufridos por la tela.

¿Qué me impresionó más al investigar esta reliquia?

En primer lugar, la cantidad de estudios científicos rigurosos que se le han hecho. Emanuela Marinelli, una experta en el tema de la Sábana Santa, me mostró más de 300 estudios publicados en las revistas científicas más reconocidas del mundo como Analytica Chimica Acta, Applied Optics, Archaeological Chemistry, Canadian Society of Forensic Sciences Journal o la Thermochimica Acta. De los 300 artículos, más de 250 hacen conclusiones favorables a su autenticidad, y estos han sido escritos por la crema y nata de la élite científica en su especialidad.

Algo que me tiene muy sorprendido es que varios objetos que se consideran reliquias de la Pasión, entre ellas por supuesto la Sábana Santa, contienen el mismo tipo de sangre, AB, que es más común en Palestina actual, ¡el mismo tipo de sangre que el de los milagros eucarísticos! (ver los estudios del Dr. Castañón). También, estas reliquias dispersas por Europa, contienen el mismo tipo de polen, lo que nos dice que estuvieron en el mismo lugar alguna vez. La conexión de las túnicas de Treveris y Argetuil, el Sudario de Oviedo (pañolón que cubrió el rostro de Cristo después de muerto), la Sábana Santa y lo milagros eucarísticos es un fuerte indicador de autenticidad. Y al hablar de milagros eucarísticos, nos referimos tanto al milagro eucarístico más antiguo que es el de Lanciano, siglo IX, como al más reciente aprobado por la Iglesia, el que ocurrió en 2017 en Sokolka, Polonia. Ambos con sangre tipo AB.

Me impresionó ver cómo el polen encontrado en la Sábana Santa confirma el recorrido histórico desde Jerusalén hasta Turín, Italia. Hay polen de Jerusalén donde envolvió el cuerpo de Jesús, de Edessa (hoy Urfa) en donde estuvo cerca de ocho siglos, también polen de Constantinopla (hoy Estambul) donde estuvo del año 950 al 1204, cuando los soldados de la IV Cruzada la tomaron y la llevaron a Francia. También hay polen de Italia, donde se encuentra actualmente.

Me impresionó ver cómo el arte cristiano, a partir del siglo V, ha pintado a Jesucristo con los rasgos de la Sábana Santa, cuando en el siglo V la Sábana Santa fue redescubierta en Edessa.

El entonces Cardenal Wojtyla, después Juan Pablo II, de paso al cónclave donde sería elegido Papa visitó la Sábana Santa en Turín. San Juan Pablo dijo que la Sábana Santa era “espejo del evangelio”. Y es verdad, lo narrado por los evangelistas y lo que se observa en la Sábana Santa es idéntico.

El evangelio nos dice que Jesús muere en Jerusalén y en vísperas de la fiesta de la Pascua judía. En la Sábana Santa el Dr. Max Frei encontró polen exclusivo de plantas de Jerusalén, por ejemplo la Gundelia Tourneforte planta espinosa que crece en Jerusalén y alrededores, floreciendo en abril y mayo, fecha de la fiesta de la Pascua judía. También se halló tierra en la Sábana Santa, se examinó y resultó ser argonita, un mineral común de Jerusalén.

El capítulo 18 de Juan nos habla de una “bofetada” que le dieron a Jesús. «Si he hablado mal, di lo que está mal; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?». Es impresionante dominio de sí. Algunos expertos en Sagrada Escritura analizaron el texto griego y el verbo que encontraron fue rapitzein que se puede traducir como “bastonazo” más que como “bofetada”. Este pasaje se refleja muy bien en la Sábana Santa. Hay un bastonazo en la mejilla derecha, y la deja muy inflamada y el rompe la nariz. Los criminólogos nos dicen que fue hecho por un bastón cilíndrico de 5 cm de ancho. Y lo más probable es que haya sido un zurdo, esto nos lleva a pensar en un escriba, zurdo para escribir de derecha a izquierda el hebreo y no correr la tinta.

Los evangelios nos cuentan que los romanos flagelaron a Jesús y la Sábana Santa nos muestra detalles de la flagelación. Las heridas fueron hechas por un látigo romano llamado flagellum taxillatum (los taxilli eran unos huesecillos). El látigo tenía 3 tiras de piel terminadas en huesillos o pesitas de bronce. El hombre de la Sábana Santa fue azotado con 120 golpes triples que dan un total de 360 latigazos. Este suplicio fue aplicado por profesionales, lo flagelan de pies a cabeza, por delante y por detrás, pero le respetan la parte del corazón, para no causarle la muerte, porque la indicación de Pilato era solo darle un escarmiento, para contentar a los líderes religiosos, pero no quería matarlo.

El evangelio de Juan en el capítulo 19 nos dice que “los soldados romanos trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza, le vistieron un manto púrpura y le decían: ‘Salve, rey de los judíos’ y le daban bofetadas”. En la Sábana Santa, los médicos han detectado más de cincuenta heridas causadas por objetos punzocortantes. La Sábana Santa nos habla de un casquete, no de una corona europea, nos habla de una corona oriental, que era más bien una mitra, como la que usan los obispos.

“Cargando la cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario” dice Juan 19, 22. La Sábana Santa nos muestra marcas del madero en la espalda, en el omóplato izquierdo. Los condenados a muerte de cruz, cargaban el patibulum que era el palo horizontal, patibulum es una palabra latina que significa “con el que se camina”. Los romanos acostumbraban tener ya clavado el palo vertical, que llamaban stipes, en el lugar del suplicio.

En los evangelios no se habla de las tres caídas que la tradición menciona en el viacrucis. Lo que sí se menciona es que los romanos vieron a Jesús tan extenuado que tuvieron que obligar “a un cierto Simón de Cirene que venía del campo” a cargar la cruz (Lc 23). Científicos norteamericanos encontraron tierra en algunas partes de la Sábana Santa, en concreto en los talones, la rodilla y en el rostro, dato que sustenta la tradición de las caídas camino al Calvario.

Los evangelios nos dicen que sufrió una crucifixión romana. En aquel tiempo, los judíos no podían condenar a muerte a nadie, el poder era de los romanos. Se sabe que los romanos aprendieron la práctica de la crucifixión de los persas. Era un tormento refinado y cruel, pensado para ocasionar el mayor sufrimiento durante el mayor tiempo posible. En el caso de Jesús, sorprende que haya expirado a escasas 3 horas de haber sido crucificado, cuando otros reos duraban días clavados de pies y manos. La noche de angustia, la tremenda flagelación sufrida y el dolor interior, no medible, quizá expliquen tan pronto deceso.

La Sábana Santa presenta un realismo anatómico sorprendente. Jesús no fue clavado por la palma de las manos, se desgarrarían, sino por las muñecas. Las marcas de la Sábana Santa sugieren que el clavo de las manos debió pasar por el espacio de Destot, atravesando el nervio mediano, y el ligamento carpiano que es capaz de soportar 90 kilos, según los experimentos con cadáveres que hizo el doctor Barbet. Cuando se atraviesa el nervio medio a la altura del pulso, el dedo pulgar se contrae, por eso el dedo pulgar en la Sábana Santa está escondido.

La Sábana Santa nos indica que, primero, le clavaron los brazos en el patíbulum estando este acostado en tierra y luego lo levantaron para montar el palo horizontal sobre el stipes, palo vertical previamente clavado en tierra. La Sábana Santa nos muestra que los pies fueron clavados uno encima del otro con el mismo clavo (la pierna izquierda está más flexionada y ambos pies están en una posición forzada hacia adentro). Los pies fueron clavados directamente sobre el stipes, sin ningún descansillo de madera, pues los pies están estirados verticalmente, permaneciendo en esa posición con el rigor mortis. Los médicos forenses confirman que el clavo atravesó el segundo espacio inter metatarsiano.

El análisis hemático comprobó que la sangre del hombre de la Sábana Santa contiene grandes cantidades de bilirrubina, y los expertos explican que esto se da en personas que sufren una muerte especialmente dolorosa.

¿Cómo murió Jesucristo en la cruz? ¿Cuál es la razón médica de su muerte? Una de la tesis más aceptadas por los médicos que han estudiado el caso es rasgadura del corazón, seguida de infarto, algo que se llama hemopericardio (patología que se debe a la laceración del miocardio, provocando salida de sangre hacia el pericardio, esto sucede en segundos provocando la muerte inmediata de la persona). Los expertos explican que la dilatación de la tela del pericardio provoca un lacerante dolor, el cual pudo muy bien provocar el grito narrado en los evangelios: “lanzando un fuerte grito, expiró” (Mc 15, 37).

El evangelio dice que los jefes de los judíos le pidieron a Pilato que quitara los crucificados para que no estuvieran expuestos en la fiesta de la Pascua. Los romanos rompieron las rodillas a los dos malhechores pero a Jesús no, pues ya estaba muerto. Y la Sábana Santa espejea también este pasaje, pues no presenta las piernas rotas, sino una herida en el costado derecho. Se trata de una herida postmortem, una herida de “labios abiertos”, pues la piel ya no tiende a contraerse como en vida. El golpe de lanza penetró entre la quinta y sexta costilla. El tamaño y la forma de la herida coinciden con la forma y tamaño de las lanzas romanas de aquella época. Además, se trata de un golpe ensayado por los romanos y reflejado incluso en estatuas romanas.

El cuerpo de Jesús es pedido por José de Arimatea. No fue arrojado a la fosa común, como la inmensa mayoría de los condenados a muerte. La Sábana Santa es testimonio de que era un malhechor, sino una persona muy estimada.

Los evangelios nos dicen que era la vigilia de la Pascua y que lo sepultaron de prisa, sin poder lavarlo. Y la Sábana Santa coincide con ello, nos presenta el cuerpo de Jesús tal y como lo bajaron de la cruz, totalmente ensangrentado.

Los evangelistas narran cómo Jesús resucita al tercer día. La Sábana Santa nos presenta el cadáver de una persona con menos de 36 horas de muerto, con un rostro sereno, incluso majestuoso en comparación con el rostro contorsionado de personas que sufren muerte violenta.

Cuando en 1978 los científicos norteamericanos del STURP analizaron la Sábana Santa, determinaron que la imagen no contenía pintura, sino que era consecuencia de una degradación de las fibras superficiales de la tela, algo así como una deshidratación. Recientemente, científicos italianos del ENEA (Agencia Nacional de Investigación para las Nuevas Tecnologías) realizaron un experimento con el láser más potente del mundo. Querían ver si la luz del láser podía dejar una marca superficial en el lino, como en la imagen de la Sábana Santa. Al inicio se les quemó la tela, luego redujeron la potencia del láser, pero no se dejaba marca. Fue hasta que pusieron el láser a toda potencia y emitieron un disparo brevísimo (una millonésima de segundo) que dejaron una marca semejante. Di Lazaro y Murra explican que eso se logró en 1 cm2 de lino, y calcularon que para lograr una imagen del cuerpo completo tendrían que tener una energía equivalente a 35 mil millones de wats y un láser de esa potencia no existe.

Apenas nos hemos asomado al sufrimiento físico del hombre-Dios. Queda por explorar el abismo del sufrimiento moral causado por las ignominias, por cargar sobre sí los sufrimientos de los inocentes, y también por tomar sobre sí todo pecado y hacerse culpable (el más inocente de los corazones haciéndose culpable para pagar todo). Y, además, el sufrimiento causado por las personas que despreciarían su sacrificio. Isaías lo describió de manera perfecta: “Varón de dolores, familiarizado con el sufrimiento”… “Y por sus llagas fuimos sanados” (Is 53).

Así, la Sábana Santa es un regalo de Dios, es una ventana al Calvario, es un perfecto complemento de La Sagrada Escritura, es un testimonio directo de la verdad de Cristo y nuestra redención, es un testamento de amor puro.