• Mtro. Gustavo Aguilera

¡FELIZ NAVIDAD!



Se sabe con seguridad que Jesús existió, pero no se sabe con exactitud el día de su nacimiento. Una explicación plausible liga la fecha de su nacimiento a la fecha de su concepción, que a su vez se relaciona con la fecha de su muerte, cuya fecha se creyó desde antiguo que fue el día 25 de marzo. Por tanto, nueve meses después, el 25 de diciembre, se celebraba su nacimiento en Occidente.

El año exacto de su nacimiento se debe colocar entre los últimos años del reinado de Herodes el Grande y su muerte. Es muy probable que Jesús naciera el año 6 antes de nuestra era.

La falta de fechas exactas, como sucede con otros personajes antiguos, no afecta la certeza de su existencia histórica. Así pasa con Platón o el mismo Tomás de Aquino y nadie duda de su realidad y su impacto en la historia humana.

Los testimonios más sólidos sobre la existencia de Jesús provienen de dos escritores no cristianos del primer siglo. Flavio Josefo fue un historiador judío y al hablar de Jesús, menciona a Pilato, otro personaje histórico de referencia: “Y cuando Pilato, a causa de una acusación hecha por los principales de entre nosotros lo condenó a la cruz, los que antes le habían amado, no dejaron de hacerlo. Y hasta este mismo día la tribu de los cristianos, llamados así a causa de él, no ha desaparecido».

También Tácito, hacia el año 116, habla de Jesús. Comentando el incendio que ocurrió en Roma en el año 64 d.C., dice que Nerón culpó a los cristianos y “creó chivos expiatorios y sometió a las torturas más refinadas a aquellos a los que el vulgo llamaba ‘crestianos’… Su nombre proviene de Cristo, quien bajo el reinado de Tiberio, fue ejecutado por el procurador Poncio Pilato”.

En una entrevista hecha a Einstein en 1929, se le pregunta su opinión sobre la existencia histórica de Jesucristo y responde que es “incuestionable”. Personas serias no pueden poner en duda la llegada de Jesús al mundo hace dos mil años. Es tan verdadera su existencia que toda la historia queda dividida en un “antes” y un “después” de su nacimiento.

Este pequeño niño indefenso, que nace en Belén de Judá, será incomprendido. Como dirá José Luis Martín Descalzo: “Sin embargo, veinte siglos después, la historia sigue girando en torno a aquel hombre. Los historiadores —aún los más opuestos a él— siguen diciendo que tal hecho o tal batalla ocurrió tantos o cuantos años antes o después de él. Media humanidad, cuando se pregunta por sus creencias, sigue usando su nombre para denominarse. Dos mil años después de su vida y muerte, se siguen escribiendo cada año más de mil volúmenes sobre su persona y doctrina. Su historia ha servido como inspiración para, al menos, la mitad de todo el arte que ha producido el mundo desde que él vino a la tierra. Y, cada año, decenas de miles de hombres y mujeres dejan todo —sus familias, sus costumbres, tal vez hasta su patria— para seguirle enteramente…”.

Este hermoso niño de Belén, sigue robando suspiros, sigue robando corazones. Y el lado profundo de nuestra alma sabe que todo lo bueno nace en Belén, en esa pequeña y fría cueva, hace dos mil años. Por eso ¡Feliz Navidad!

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