EL PAPA FRANCISCO Y LAS UNIONES HOMOSEXUALES

Frases del papa Francisco, sacadas de una entrevista que se usó para hacer una película-documental, reavivaron el debate sobre el reconocimiento legal de las uniones del mismo sexo en octubre de 2020.

No es la primera vez que unas palabras del papa se sacan de contexto. Todos recordamos la famosa frase que los medios de comunicación publicaron a los cuatro vientos: “Si una persona es gay, ¿quién soy yo para juzgarla?”. En una entrevista posterior a esta noticia, el papa dijo haber sentido rabia por esta manipulación. Sus palabras completas pronunciadas en el vuelo de regreso de la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro en 2013 fueron: “Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?”. Y enseguida el papa cita el Catecismo de la Iglesia Católica. Los medios difundieron solo el recorte “¿quién soy yo para juzgarlos?” y hasta circularon imágenes fake del papa Francisco levantando la bandera arcoíris LGBT sobrepuesta a la bandera argentina original.

Lo mismo hicieron muchos medios de comunicación con las palabras del papa y las uniones homosexuales en octubre de 2020. Juntaron dos frases de distintos momentos de la entrevista, con diversos enfoques sobre el tema de la homosexualidad. Se tomaron de una entrevista que el papa concedió a la periodista mexicana Valentina Alazraki:

“Las personas homosexuales tienen derecho a estar en la familia, son hijos de Dios, tienen derecho a una familia. No se puede echar de la familia a nadie, ni hacer la vida imposible por eso”.

Y añadieron esta segunda frase, que fue la que detonó más polémica:

“Lo que tenemos que hacer es una ley de convivencia civil. Tienen derecho a estar cubiertos legalmente”.


Siempre hay voces que buscan llevar lo que dice el Papa hacia sus intereses. Medios de información y diversos sectores de la sociedad han querido ver en estas palabras un cambio en la doctrina de la Iglesia con respecto al reconocimiento legal de las uniones homosexuales.

La primera parte de la cita responde a la pregunta del lugar del hijo homosexual en un matrimonio heterosexual. La respuesta completa (recortada a modo en el documental Francesco) es esta:

“Las personas homosexuales tienen derecho a estar en la familia, las personas con una orientación homosexual tienen derecho a estar en la familia y los padres tienen derecho a reconocer ese hijo como homosexual, esa hija como homosexual. No se puede echar de la familia a nadie ni hacer la vida imposible por eso”.

Todo esto en línea perfecta con el número 2358 del Catecismo de la Iglesia Católica.

La segunda parte de la cita, en realidad, se toma de unas respuestas que el papa da más adelante, cuando habla de la homosexualidad y aclara a Valentina Alazraki que decir que los homosexuales tengan derecho a una familia “no quiere decir aprobar los actos homosexuales, ni mucho menos”. Continúa el papa: “Yo siempre defendí la doctrina. Y es curioso, en la ley de matrimonio homosexual… es una incongruencia hablar de matrimonio homosexual”. Aquí es cuando dice la frase acerca de las parejas homosexuales: “Lo que tenemos que hacer es una ley de convivencia civil. Tienen derecho a estar cubiertos legalmente. Yo he defendido eso”.

Como buenos analistas, hagamos distinciones para evitar la confusión. Primero digamos que no tiene el mismo peso una entrevista que un catecismo o una carta encíclica. Segundo, con respecto a las uniones homosexuales, hay que distinguir tres términos que no son sinónimos:

· Matrimonio religioso entre personas del mismo sexo.

· Unión civil de personas del mismo sexo (bajo la ley de sociedades de convivencia).

· Matrimonio civil entre personas del mismo sexo.

El matrimonio religioso entre personas del mismo sexo no es posible en la Iglesia Católica, ni será posible porque la naturaleza propia del sacramento implica la unión de un hombre y una mujer (Gn 2, 24; Mt 19, 6; CIC 1605).

La cobertura legal de personas del mismo sexo con la figura jurídica de sociedad de convivencia es a lo que se refiere el papa con “ley de convivencia”, esta figura tiene el fin de garantizar el derecho de herencia, seguridad social y otros. Aunque para muchos expertos en temas de matrimonio, no es obligatorio unir derecho de sucesión patrimonial, derecho de seguridad social al matrimonio civil. O sea, que no es necesario casarte para que te den seguridad social, puedas heredar o conseguir un crédito de vivienda. En México, por ejemplo, dos personas que no son esposos pueden asociarse para adquirir una casa a través del programa INFONAVIT. Es decir, un suegro y un yerno pueden unir sus créditos. También se puede estar cubierto por el IMSS sin necesidad de estar casado y sin necesidad de trabajar en una empresa.

Otra cosa diferente es el matrimonio civil o “matrimonio igualitario”. Lo que muchas veces persiguen los grupos LGBT es equiparar sus uniones al matrimonio entre hombre y mujer para romper, según su visión, las desigualdades, pero en realidad lo buscan como factor catalizador de la sociedad y para poder acceder a la adopción de niños. La mera sociedad de convivencia no les alcanza para reclamar el derecho a la adopción y menos cuando la naturaleza no permite fecundidad en parejas del mismo sexo. El matrimonio civil entre personas del mismo sexo implica equiparar las uniones homosexuales a las heterosexuales. Se da en algunos países a nivel civil. Las palabras del papa Francisco no están aprobando, como el lobby pretende, el “matrimonio igualitario” o “matrimonio gay”.

El papa Bergoglio, desde que era Cardenal de Buenos Aires, ha tenido la misma postura de rechazo a la legalización de las uniones entre personas del mismo sexo. Aquí tenemos, por ejemplo, sus palabras en una carta dirigida a los cuatro monasterios de Buenos Aires en el año 2010:

“No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios […]. No se trata de un mero proyecto legislativo (este es solo el instrumento) sino de una movida del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios. […] Aquí también está la envidia del Demonio, por la que entró el pecado en el mundo, que arteramente pretende destruir la imagen de Dios: hombre y mujer que reciben el mandato de crecer, multiplicarse y dominar la tierra”.

Y más recientemente (2016) tenemos el número 56 de su encíclica Amoris Laetitia, en el que enuncia los errores de la ideología de género:

“Esta ideología lleva a […] directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer”.

El pensamiento del papa en este punto siempre ha estado en línea con el documento más claro que ha publicado la Iglesia Católica sobre el tema: Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales, emitido en 1985 por el entonces cardenal Ratzinger, hoy papa emérito Benedicto XVI. Extraigo a continuación algunos puntos importantes de este valioso y claro documento:

· El matrimonio es una unión entre personas del sexo opuesto, que implica heterosexualidad, fecundidad y educación de los hijos.

· El matrimonio es la primera célula de la sociedad.

· El católico debe oponerse a la equiparación legal de las uniones de personas del mismo sexo con el matrimonio (al matrimonio civil entre personas del mismo sexo).

· “En las uniones homosexuales están completamente ausentes los elementos biológicos y antropológicos del matrimonio y de la familia (…). Éstas (parejas homosexuales) no están en condiciones de asegurar adecuadamente la procreación y la supervivencia de la especie humana” (número 7).

Resumiendo, las frases usadas en el documental Francesco fueron unidas artificialmente y pertenecen a diversos momentos de la entrevista. El sentido original de las palabras del papa es que los padres no corran de casa a los hijos con atracción al mismo sexo y, por otro lado, que si dos personas del mismo sexo viven juntas, usen una figura legal para personas que cohabitan sin ser matrimonio (sociedad de convivencia).

La doctrina católica sobre las personas con atracción al mismo sexo y sus uniones no ha cambiado:

· Respeto y acogida a las personas con atracción al mismo sexo (CIC 2358).

· Experimentar la tendencia hacia personas del mismo sexo no es pecado (CIC 2358).

· Los actos sexuales entre personas del mismo sexo sí son pecado (CIC 2357).

· Si las personas con atracción al mismo sexo quieren vivir cristianamente, tienen que vivir en castidad (CIC 2359).

· No se pueden aprobar en la doctrina católica las uniones de personas del mismo sexo al matrimonio entre hombre y mujer (Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales, Card. Joseph Ratzinger, 1985, carta del Card. Bergoglio a cuatro conventos de Buenos Aires en 2010).

· A ninguna persona se le debe privar de sus garantías ciudadanas como derecho a heredar y a seguridad social, y eso no viene aparejado a un matrimonio (documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 1985 y papa Francisco, entrevista a Valentina Alazraki 2019).

De hecho no se necesita recurrir a la fe para saber que la auténtica forma de familia es la compuesta por padre, madre e hijo. Y que lo mejor para el niño es tener un papá y una mamá, una figura paterna y materna, como ha dispuesto la sabia naturaleza.

(Publicado en la revista asfamilia.org noviembre 2020)