EL DAÑO QUE CAUSA LA PORNOGRAFÍA

Actualizado: 9 feb


Algunos datos preocupantes

En Estados Unidos los niños comienzan a consumir pornografía a los once años, y, en España, a los ocho. México se colocó en 2021 como el mayor consumidor de videos y fotografías pornográficas de todo Latinoamérica. La ONU ratifica que México ocupa el primer lugar mundial en difusión de pornografía infantil. El 73% de las víctimas que aparecen en la pornografía infantil, parecen ser menores de diez años (¡!). El consumo de pornografía es tan fuerte a nivel mundial, que solo sucesos como el Super Bowl, hace caer el tráfico en un 21% durante el evento. Durante la pandemia la demanda de pornografía infantil aumentó en un 30% (¡!).

Algunos daños

La pornografía no solo daña a los consumidores, es una cadena de daños en todas sus etapas los productores, actores, comercializadores, abusadores, proxenetas. Habría que subrayar la violencia contra la mujer, a la que se está acostumbrando la cada vez más grande audiencia.

Esto es lo más visible, pero no debemos olvidar que la pornografía daña primordialmente a la sexualidad misma del ser humano, la desvincula de su bella donación y su función procreativa, destruye la relación cuerpo-persona por amor, reduciéndolo a pura pasión violenta, pisoteando el valor de la fidelidad. Deforma la visión sana que debemos tener hacia el otro, convirtiéndonos en “usadores” y abusadores y buscadores insaciables del placer propio y ajeno, sin importar sexo, edad, condición.

El ser solo espectadores detrás de pantallas no nos deja libre de culpa. Cada clic en una página pornográfica -aunque no haya pago de por medio- hace rentable a la misma y estimula la “fabricación” de pornografía. Estamos siendo colaboradores de todas las redes que hay detrás de esta industria denigrante.

El turbo de las nuevas tecnologías

Las nuevas tecnologías, en sí, son herramientas moralmente neutras, su bondad o maldad dependerá del uso que se les dé. Lo que agrava la difusión de la pornografía en estas redes es que lo hace casi sin restricciones (el acceso a la pornografía prácticamente está a un clic de cualquier persona) y cada día con mayor velocidad de respuesta y capacidad de almacenamiento. Por investigar, escribí en mi buscador de Google la palabra “videos porno” y me arrojó 2 mil millones de resultados en 0.48 segundos. 8 de cada 10 personas que acceden a los sitios de pornografía lo hacen mediante el celular y la mayoría de los menores de edad tienen acceso a su celular 24 horas al día, 7 días a la semana.

¿Estaremos exagerando?

Una investigación de Suecia de 2017 evidenció que la pornografía libera dopamina en el cerebro, y se comporta como una verdadera droga adictiva, además afecta a la capacidad de excitación con la propia pareja y es causa de disfunción eréctil.

Un estudio hecho por el Instituto Max Plank de Alemania en 2014 demostró cómo la pornografía puede modificar la estructura del cerebro, reduciendo la cantidad de materia gris en el lóbulo frontal, donde se desarrolla el control de impulsos. El alto consumo de pornografía puede causar menos control y más violencia y adicción.

La pornografía afecta a los matrimonios. Estudios revelan que las parejas que consumen pornografía son tres veces más infieles que aquellas que no consumen. La pornografía mata el amor, porque concentra toda la atracción en el cuerpo y el erotismo, poco a poco se manifiesta un desprecio al cuerpo de la pareja. En otro estudio, el 56% de los divorcios implicaban consumo de pornografía.

Hay un lado más oscuro todavía en la pornografía

La violencia contra la mujer es explícita en la pornografía y siempre va siempre en ascenso. Como con la droga, los consumidores de pornografía nunca están satisfechos, de hecho, son los eternos insatisfechos, y por esta razón las escenas van subiendo de tono. ¿Hasta dónde llegarán?

Aunque no se perciba a primera vista, la pornografía está muy vinculada a la trata de personas, y también a las perversiones sexuales, ahora maquilladas con el nombre “parafilias”, como la necrofilia (sexo con cadáveres), cropofilia (sexo y excrementos), pedofilia (sexo con menores de edad), zoofilia (sexo con animales).

Uno de los secretos más oscuros de la pornografía es que, en los videos porno, no todo es consentido, muchas actrices son obligadas o se obra contra su consentimiento. Hay testimonios de ex porno stars comentando que en las escenas les hacían cosas no pactadas con aterioridad.

¿Qué podemos hacer?

Debemos exigir a las autoridades que combatan la pornografía por todos los medios posibles, de igual manera que el abuso de menores y la trata de mujeres. La pornografía es degradante, mentirosa y peligrosa. Debemos que se detenga la pornografía por violentar a la mujer y promover el abuso sexual de menores. Debemos exigir que el gobierno encare la pornografía como se encara cualquier droga, por degradante y adictiva. Se deben colocar filtros más fuertes contra la pornografía desde los motores de búsqueda. Prohibición total de pornografía con menores de edad y hacia menores de edad.

Los padres de familia

A los padres nos toca prevenir lo más posible, siendo consientes de que los accesos por los que intenta llegar la degradación del sexo a nuestros hijos son innumerables: celular, Tablet, computadoras, videojuegos, YouTube y la mayoría de las redes sociales (¡Tik Tok es hoy la puerta a la pornografía!), smartTV, smartwatch, en general, todo aparato que tenga acceso a Internet. La mayoría de los expertos aconsejan a los papás que abran el tema con los hijos. Tiene que ser un tema del que los hijos puedan hablar con naturalidad desde los diez años en adelante -según madurez y situación personal-.

La opción tentadora y fácil para los padres, es la prohibición, aislamiento total. Sabemos que esto sería de corta duración y de dudosa eficacia, no podemos -ni conviene que seamos- policías de nuestros hijos.

El otro extremo -también negativo- es el camino en que tratamos de convencernos de que la pornografía no es tan peligrosa. Es el camino que nos hace sentirnos papás “modernos”, que dejan a sus hijos solos ante la pornografía.

Es curioso cómo los dos extremos conducen muchos niños y adolescentes a las consultas, y por las mismas razones: obsesiones y adicciones.

Ni un extremo ni otro. La sabiduría está en el equilibrio, en una educación que cuide los accesos groseros de la pornografía a nuestros hijos, pero que -más que en la vigilancia persecutoria- nos enfoquemos en informar, educar, formar el carácter, los valores, de tal manera que nuestros hijos, en cualquier situación, reconozcan lo que edifica y también lo que destruye, y puedan decir “sí” a todo lo bueno y bello, y “no”, libremente, a todo lo que los puede dañar.


Dr. Gustavo Aguilera Jiménez

Filósofo, Doctor en Liderazgo y Desarrollo Humano.